jueves, 30 de mayo de 2013

Una educación para cambiar nuestras mentes


Siempre he pensado que la única forma de cambio social real y permanente es la educación. Siempre ha sido tema de conversación y discusión en distintos ámbitos de socialización de los que me ha tocado ser parte. El tema no es indiferente a nadie y parece que la solución es siempre clara y la misma: la educación es la clave.
Eso lo tengo muy claro, desde antes de optar por estudiar pedagogía, y aún a cinco años de la desaparición de mi padre, él también lo sabía. Lo sabía mi madre y también lo tenía claro su padre y en los ya varios gobiernos que he visto pasar en mis treinta y tres años, creo que ellos también lo sabían y se han apoyado precisamente en la educación muchas veces como caballo de batalla.
Entonces, cuando alguien me comenta (en más de una oportunidad) alguna noticia sobre un estudiante universitario relacionado en un hecho delictual o veo que para el común de la gente, el perfil del profesional exitoso es tener un gran vehículo para llevar a pasear a sus hijos el día domingo al mall, en una suerte de baño de cultura del consumo, me doy cuenta que quizás no es un tema de acceso a la educación lo que traba nuestro avance. Creo que también es en gran parte una cuestión de enfoque de nuestra educación.
Analizando esto, pienso que para provocar ese ansiado cambio a una mejor sociedad, nuestro parchado sistema educacional debe primero ser capaz de implementar de una educación integral, que más que entregar entes educados como seres productivos, forme personas completas, participantes activas de nuestra sociedad, y preparadas para proponer, accionar y generar progreso. Seres preparados para el cambio, ya no bajo una visión jungla de cemento, donde progresar significa ganar y pisotear, como perdidos en una selva de años y daños, heredados por generaciones. Me refiero a mujeres y hombres con una visión distinta y real de sociedad.
En este desafío de nueva educación, pienso que la enseñanza de actividades artísticas es siempre una pieza clave, y sólo tomándola como una pequeña parte de un cambio. Digo clave, no sólo por ampliar el espectro de conocimientos a materias diversas, sino porque el arte en si cambia por completo la visión de una persona, su mirada interna, la que se tiene de su entorno y además influye en la relación con otras personas. El arte también es un reflejo de la sociedad, siendo además de un medio de expresión múltiple y diverso, el vehículo perfecto para acercarnos a nuestra identidad, anclándonos en lo que realmente somos (la eterna identidad perdida del chileno).
Creo que la educación artística en Chile nunca ha tomado su lugar, siendo siempre el pariente pobre de asignaturas de mayor valor aparente como lenguaje y matemáticas. Siempre un relleno, siempre una especie de pincelada para exculpar al sistema de posibles cuestionamientos sobre una educación poco transversal.
Con esto, no deseo tampoco un sistema educativo donde todos los alumnos pasen cada jornada de guitarra en mano, sólo hablo, entre otras materias, de una educación artística real y trascendente. Hablo de verdadera educación integral, de formar mejores personas, mejores ciudadanos, más humanos, más inteligentes y despiertos, más tolerantes y en definitiva más felices.